Opinión

La campaña contra el cambio de frecuencia muestra el camino

Faltan cinco años y once meses para que venza el plazo de medio siglo que impone el Tratado de Itaipú para la “revisión” de las disposiciones del Anexo C (bases financieras y de prestación de los servicios de electricidad de la Entidad Binacional), una oportunidad, tal vez la última, para que la República del Paraguay corrija las asimetrías en esta relación impuesta y consentida a la vez.

Ante la inminencia de tan extraordinario desafío, el ciudadano, el contribuyente paraguayo plantea, a veces hasta silenciosamente, al Gobierno de turno, si sus responsables lo están tomando en serio; si se están preparando como corresponde, cómo enfrentarán a los especialistas que envíe Brasil a la mesa de negociaciones y, principalmente, cuáles serán nuestras reivindicaciones.

Acerca de los dos primeros puntos, stricto sensu, salvo algunas declaraciones de rigor, la actual administración del país está más interesada en la clasificación de la selección paraguaya para la Copa Mundial de fútbol 2018 que se llevará a cabo en Rusia e inclusive en que nuestro país se convierta en una de las subsedes de la competencia prevista para el 2030.

La experiencia acumulada en estos 44 años y 11 meses de sociedad con Brasil en la Binacional enseña que algunos que otros cursos acelerados sobre negociación, inclusive con la “metodología Harvard” serán insuficientes para hacer frente a las “estrellas” que Itamaraty envía, inclusive a las sesiones del Consejo de Administración de la Entidad.

El tercer cuestionamiento tiene muchas respuestas, la más elemental deriva de las dos primeras: convocar a los profesionales más calificados con que cuente el país, “la mentes más brillantes”, repitiendo una frase del arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, sin que importe su afiliación partidaria o ideología: ¡Sí, categóricamente! su honestidad y patriotismo.

Sobre este punto debemos agregar que la “diplomacia entre cuatro paredes”, como la que aplicó una vez más con Argentina, específicamente en las negociaciones que desembocaron en la insatisfactoria Acta de Entendimiento del 4 de mayo último entre los presidentes Horacio Cartes y Mauricio Macri, está demostrada ¡No sirve!

Una vez más, al examinar este tercer punto, sugerimos la cuidadosa consideración de la experiencia, por ejemplo, la aprendida con el intento brasileño de cambiar el ciclaje de todo el sistema eléctrico paraguayo y, por ende, unificar la del equipamiento de la gran usina binacional.

Hace unos días, el Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad Nacional de Asunción, mediante un conversatorio con los principales protagonistas de aquella gesta soberana, recordó el 40 aniversario de uno de los picos más altos del histórico diagrama de la resistencia paraguaya: el debate en el patio de la facultad entre el Ing. Enzo Debernardi, principal negociador del Tratado por nuestro país y su equipo, y estudiantes, docentes de ingeniería, políticos de la oposición como el Dr. Domingo Laíno e inclusive industriales, como el Ing. Eduardo Felippo.

¿Cuál fue el secreto del éxito en esta campaña? Categóricamente, la participación estudiantil, política, profesional, en definitiva de una parte importante y representativa de un pueblo que no estaba de acuerdo con que le impusieran otro sacrificio, rechazando inclusive las promesas de generosas dádivas que hacía el Gobierno brasileño de entonces.

Finalmente, lo más importante, ¿cómo estará conformado el pliego nacional de reclamos en el 2023 – o tal vez antes-? En el 2009, el pueblo tuvo la oportunidad de conocer sus seis puntos e inclusive integrarlo a sus debates cotidianos, hasta en las consignas de sus movilizaciones.

Del actual nada sabemos aún; pero pesa ya sobre nuestras expectativas el magro resultado de las tratativas con los argentinos sobre Yacyretá. No obstante, una vez más apuntemos, con el mayor énfasis posible: plena disponibilidad de nuestra energía en Itaipú y recuperación de nuestra soberanía energética en Itaipú. El resto vendrá por añadidura.